Desde que conocí a mi amiga Malena, me habló mucho de Romina, de su carácter, de lo importante que era para ella tenerla en su vida. Paseaban, comían, jugaban y pasaban largos ratos haciéndose compañía. Se querían.

Hace poco más de un mes detectaron un tumor a Romina, y la cosa pintaba mal. Al parecer era un tipo de tumor que en muy poco tiempo se extendía por varios órganos del aparato digestivo, generando fuertes hemorragias y muchos dolores. Malena estaba realmente preocupada, asumía el fin de Romina como algo inevitable, y, aunque le dolía el hecho de dejar de disfrutar de su compañía, de perderla para siempre, lo que más le preocupaba era evitar su sufrimiento, evitarle el dolor.

Los especialistas le dijeron que lo mejor era mantener revisiones periódicas y muy frecuentes, con el objetivo de tener claro como avanzaba el tumor. Ayer Romina comenzó a encontrarse peor, y hoy las pruebas mostraron que definitivamente estaba llena de hemorragias a nivel interno, y que sólo le quedaba sufrir hasta que todo acabara.

Esta misma tarde Malena y su marido han podido acompañar a Romina mientras su cuerpo, gracias a una inyección letal, dejaba de sufrir y su alma comenzaba el tránsito… Romina ha podido abandonar su cuerpo sintiéndose arropada por quien le acompaño en su vida terrenal. No ha tenido dolores, no ha sufrido, y se ha marchado en paz.

Desde mi punto de vista, ha tenido un tránsito afortunado. Romina era la perra de Malena, y si hubiera sido humana seguro que habría tenido que sufrir más… porque a veces nos confundimos, y la moral nos hace perder humanidad.

El amor siempre es amor, no importa la especie.  Ahora a Malena le queda el recuerdo del cariño y la sensación de que un nuevo “ángel” la protege y acompaña, como siempre hacía Romina.

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Laura García

Especialista en marketing y diseño web, periodista, diseñadora gráfica, coach con PNL, madre, creativa, perfecionista, honesta… y curiosamente poco amiga de etiquetas 😉
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