Como todos últimos días del año despierto, como una gran mayoría, con la necesidad de hacer balance de lo que ha sido para mi el 2013. Afortunadamente lo primero que esto quiere decir es que el resto de necesidades básicas las tengo cubiertas, por lo que doy gracias hoy y cada día cuando me levanto: tanto mis hijas como yo tenemos salud, un bonito piso con potente calefacción para el invierno, una maravillosa piscina en la que refrescarnos en verano, y una nevera llena (y si no hay un super a 15 metros)

Empiezo reprochándome que en el 2013 tan sólo he escrito dos entradas en este blog, lo cual, obviamente, no quiere decir que no haya reflexionado sobre muchas más cosas, pero si indica que me he dejado llevar por la pereza y que no he conseguido obtener unas conclusiones firmes sobre aquello que he reflexionado. Ésto se debe, en parte, a que tras más de dos años de superación y crecimiento personal intenso, de duro trabajo para romper mis creencias limitantes y modificar una forma de vida que no encajaba con mis valores, el año 2013 ha supuesto un descanso, una balsa en la que mecerme, un “dejarme querer”… y eso se paga ¡claro!… ¿como “engancha” la “zona de confort”, verdad?

Este año me he relajado enormemente al calorcito del cariño de mis amigos, de la protección de mis padres y de la sorpresa de un reconocimiento laboral inesperado.

Tan sólo la efervescente adolescencia de mi hija mayor ha puesto un punto de inflexión en esta balsa de aceite, y es que mi hija mayor debe haber sido ingerida por un monstruo que ha transformado sus mimos y cariñitos infantiles por gritos, faltas de respeto y acné… pero pasar a tomar conciencia de la realidad del mundo de los adultos no debe ser nada fácil…

Hoy, último día del 2013, me despierto con un halo de melancolía que me deja perpleja, una especie de frío, vacío y soledad. Es como si observara el “mapa de afectos” de mi existencia con una sensación de irrealidad, mezclando decepciones con ilusiones. Como coach sé que debo desterrar estos pensamientos y buscar una línea más pragmática, enfocada a los objetivos y a la acción, pero eso supone un esfuerzo y como ya he dicho, la tendencia del año ha sido la de dejarme llevar por ese relax de dejarme querer, de que me cuiden. Soy un ser humano y no soy perfecta, así que tampoco seré muy dura conmigo por ello, simplemente me lo permito y me pongo como objetivo para el 2014 el cambiar esa tendencia y trabajar en seguir creciendo, ¡que ya está bien de vaguear en algo tan importante para mí como yo misma!

Como conclusión me llevo que no hay que dejar nunca de trabajar nuestro mundo interior, de realizar ese intenso esfuerzo de crecimiento personal. Sé que dejarse querer por el exterior aporta una maravillosa sensación de bienestar pero, desde mi punto de vista, nuestro principal amante debemos ser nosotros mismos. Si no cuidamos nuestro interior, esa llama que constituye nuestro ser único y valioso, podemos quedarnos desarropados de repente y despertar con una sensación de frío, vacío y soledad muy parecida a la que hoy me invade.

Gracias 2013 por haberme dejado sentirme arropada, cuidada y querida. Al 2014 le pido que siga conservando mi salud y la de mi familia y amigos, y que no me deje olvidar que estoy en esta vida para dar lo mejor de mi misma, que no puedo conformarme con menos.

¡¡¡Salud y nuevos logros para todos!!!!!!!

Laura García

Especialista en marketing y diseño web, periodista, diseñadora gráfica, coach con PNL, madre, creativa, perfecionista, honesta… y curiosamente poco amiga de etiquetas 😉
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